
Y sorprendentemente la piedra por todas partes aflora y toma de repente forma, construye promontorios y colinas, se enserta como cuna en las cuevas cársticas, antros de sirenas y sacras para el peregrino con su paso lento, se ordina en los dólmenes y los murecillos sin manpostería, caserios, castillos y catedrales y desde el Gargano áspero y arrugado que se levanta en las rocas a pico desafiando la inmensa extensión marina de azul y de verde envidia de la pantalla del pintor, se placa en el Tavoliere tierra de trigo reluciente y de sol que rebota en los escalones sobre la Murgia y diseña el perímetro de los rediles, baja suavemente hasta lastricar los átrios de las casas y sus ruidos y los andrones de los señores y abre los puertos del Adriático hacia Oriente.

APULIA TIERRA DULCE A LOS OJOS DEL VIAJERO QUE SE DEJA CÓNFUNDIR Y EMOCIÓNAR
tierra de fiesta y de sonidos, de feria y fuegos hacia el mar y hacia el cielo, de bienvenidos exuberante que desea fortunas, tierra alegre y generosa, encanto para los marineros.
Se descansa en la frescura de sus hoteles de charme, amor correspuesto esperando su vuelta.